Camino a San Alejandro

JR_194858-copiaLa Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro de La Habana, es el sueño que ya acarician ocho jóvenes de Mayabeque, quienes tienen el privilegio de conformar la matrícula de la más añeja institución de ese tipo en América Latina a partir de septiembre de 2018, cuando comenzará su curso 201.

Abrazar esa aspiración costó sacrificios, bien lo saben ellos y sus familias, pero sin duda, un don muy especial acompañó a esos jóvenes hasta este punto del camino. A dos de ellos llegó esta reportera. Estas son sus historias.

Maikel Fernández Gorina

41107389120_3a3d53f031_bSan Alejandro se instaló en su mirilla cuando cursaba la Primaria, y no hubo otro propósito que la sustituyera. Alentado por su madre comenzó a prepararse en los talleres de Pintura de la Casa de la Cultura de San José de las Lajas y hasta en su casa del poblado de Morales, en San José de las Lajas.

Era ya un adolescente cuando se presentó a los exámenes de ingreso para sufrir la primera derrota. Al año siguiente insistió creyendo estar listo, pero lo sorprendió el segundo fracaso.

Para la siguiente convocatoria se sumió en el desvelo y en el trabajo. Daba por sentado que la victoria le sonreiría, pero soportó otro golpe demoledor, la tercera apuesta por un sueño se iba. Dicen que la tercera es la vencida, pensó.

Maikel_The_old_Chaplin.jpgFueron muchos los intentos de otros para hacerle capitular, pero Maikel persistió, como si de ello dependiera el movimiento de la Tierra o hasta su propia vida, y optó para presentarse por cuarta vez a las pruebas.

Entonces, su caso fue analizado por las autoridades a los más altos niveles porque tenía ya 17 años de edad. Recibió por suerte, el visto bueno, y en febrero fue a la Academia junto a otros 23 aspirantes de Mayabeque.

Luego de cuatro días de pruebas, clasificaron solamente ocho, y él estaba en la nómina. Pero aquel resultado no debía traducirse en un triunfo definitivo, tendría que esperar la llamada con la noticia.

¿La respuesta? La compartió con su risa y el guiño que acostumbra hacer cuando afirma sin palabras: “¡Te lo dije!”

 Yedenis Lázara Gutiérrez Rivas

Su niña era especial. Así lo advirtió Jesús Raudel Gutiérrez cuando vio los dibujos de aquella criatura de apenas cuatro años de edad.

Él dejó la escuela de arte sin cumplir su sueño, pero con su hijita Yedenis, la historia sería diferente. Con esa resolución, y sin importar las distancias ni los sacrificios (viven pegados a la presa Mampostón), comenzaron a construir el camino hacia San Alejandro.

El primer colegio de pintura de la pequeña fue la Casa de Cultura de la capital de Mayabeque, adonde asistió durante cinco años consecutivos. Después supieron del taller comunitario Imagen 3  del artista cubano Cecilio Avilés, en el Paseo del Prado de La Habana, y hasta allí avanzaron para hallar las puertas abiertas.

Yedenis se rencontró en ese espacio con las técnicas, y enriqueció la gracia que concedió la vida. Por eso, cuando hizo los exámenes en febrero mereció, además de los elogios, el puesto que hacía tiempo le esperaba en la Academia de Bellas Artes más prestigiosa de Cuba.

Dice que prefiere los retratos, pero sabe que le falta mucho por descubrir y por crear, cuando se adentre en el mundo de las artes plásticas a partir de septiembre. En el mismo sitio donde estudiaron genios como Flora Fong, Servando Cabrera, Roberto Fabelo, Víctor Manuel y otros grandes pintores cubanos, cumplirá en octubre 15 años de edad. Allí estudiará ella. Es algo que la enorgullece, la inspira y  compromete.

Por Marlene Caboverde Caballero