No necesito un pretexto

Martí está presente en cada cubano digno, los de aquí, los de allá, en el campo, la ciudad, el monte, las artes, la tierra y el mar.

No necesito un pretexto para escribir de José Martí, no preciso de fechas o eventos, solo pretendo evocar su estampa. El Apóstol renace cada día con el alba y cuando llega la noche regresa al arroyo de la sierra y se pasea entre las palmas. Espera la salida del sol para agradecer su luz y perdonar sus manchas. No se requiere una excusa para buscarlo en el espacio, para encontrarlo en la risa de los niños, la persona humilde o el amigo sincero.

Nuestro Héroe Nacional es un hombre de todos los tiempos, su presencia desafía la muerte, sus pensamientos seducen la historia en la lucha eterna. Recordar su nacimiento el 28 de enero, o lamentar su última cabalgada en Dos Ríos el 19 de mayo no es suficiente. A Martí hay que vivirlo cada día, apreciar su presencia, profesar sus ideas, recordar sus ansias de libertad.

Maestro, poeta, periodista, orador, profeta y mambí, cuántas virtudes en un solo hombre, dedicadas a todos y para el bien de todos. Otorgó a la educación un papel esencial como elemento de transformación sociopolítica y económica en donde los procedimientos socráticos fueron reinventados para superar las metodologías conservadoras que escoltaban a la intelectualidad más reaccionaria. Para él, la enseñanza debía estar encauzada a la liberación, pero basándose en la comprensión y revalorización de la Cultura, los valores latinoamericanos, y en manera alguna podía ser privilegio exclusivo de una clase.

Hoy Cuba agradecida lo reinventa en sus luchas, los alumnos lo buscan en los libros, los maestros en la inspiración, nuestras victorias fueron sus metas, Creyó en el mejoramiento humano y en el renacer constante de Los Pinos Nuevos de la misma estirpe carnal de Gómez y Maceo.

Más que cubano, latinoamericano, sus sueños trascendieron fronteras. La ilusión de una América unida y emancipada lo acercó a las doctrinas de Bolívar, Hidalgo y San Martín, lo motivó a caminar por senderos espinosos pero necesarios, lo condenó al presidio y el exilio. Mas su andar de gigante en esta Isla lo inmortalizó, lo multiplicó en miles que hoy se alzan por el bienestar de su Nación, perpetuando la máxima de quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos.

No es un pretexto, no es una simple causa, es una razón mayor: la Patria.  Por ella solo es preciso nombrarlo, sentirlo en la gente, mirarlo en la bondad de Pilar, la astucia de Meñique, el beso tierno del Ismaelillo, la ingenuidad de Lopi y las rosas blancas, encontrarlo en nosotros mismos. No hay efugio para el olvido, no hay razón para no amarlo, es justo mantenerlo vivo, para que siga echando su suerte con los pobres de la tierra. “Yo tengo un amigo muerto que suele venirme a ver: Mi amigo se sienta, y canta; Canta en voz que ha de doler”.

Por: Nolys Alfonso Suárez

 

 

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