Memorias de El Caimán

En el transcurso de la guerra por la independencia de Cuba en 1895, las fuerzas mambisas que operaban en nuestra provincia crearon sus prefecturas, hospitales o campamentos en lugares de difícil acceso, en aras de no ser descubierto por el ejército colonial. Uno de estos campamentos lo fue El Caimán, localizado en la finca de Mariano Viera, al Oeste de Batabanó, en el camino que va de este pueblo a Guira de Melena, por el Sur, en terrenos boscosos y cenagosos.

El lugar tenía unas trincheras paralelas a la única franja de tierra firme, que estaban construidas con troncos de palmas colocados unos sobre otros, con ello se imposibilitaba que las propias balas de máuser pudieran atravesarlos. Al final de este largo y estrecho camino, se encontraban varios bohíos que funcionaban como Estado Mayor, enfermerías o casas de descanso de los insurrectos, durante el tiempo que permanecían en el lugar. Además, siempre había una guardia de 12 a 14 hombres encargados de defender y vigilar la entrada al campamento.

Esta zona era la base de operaciones del regimiento Calixto García, dirigido primero por el bejucaleño Aurelio Collazo, muerto el 8 de mayo de 1896, en la acción de la Cunda, en Guira de Melena, y más tarde por el Brigadier batabanoense Alberto Rodríguez y Acosta.

En mayo de 1897, y después de haber realizado varias acciones militares, el regimiento Calixto García marchaba rumbo al campamento, cuando se encontraron con la brigada de Otumba, que iba en la misma dirección. El Brigadier Alberto Rodríguez, valiente y audaz, se lanzó contra el enemigo, y en la primera descarga, recibió un balazo en el vientre, que le provocó la muerte. Ya en el suelo, los españoles se abalanzaron contra el cadáver, que fue arrebatado por el Coronel Emilio Collazo, quien lo colocó delante de su cabalgadura para sacarlo del combate y sepultarlo más tarde en el propio campamento de El Caimán.

 

Transcurridos seis meses aproximadamente, el 10 de diciembre de 1897, el General Blanco ordenó al General de División Antonio González Parrado que, al mando de cuatro batallones de infantería, entre ellos, el Otumba y seis regimientos de caballería (Pizarro, Numancia, Albuera, Borbón, Castilla, Balbastro y Cazadores de Puerto Rico), tropas con más de 4 000 hombres,  que atacaran el reducto para demostrarle al político español José Canalejas cómo se destruía un campamento insurrecto.

Las tropas cubanas, al conocer la llegada de las fuerzas españolas, agruparon a unos 470 hombres, los que fueron distribuidos en las trincheras y los fuertes, haciéndoles frente a dos compañías del batallón Otumba, que ya se encontraba a tiro de fusil. “ El enemigo había concentrado un fuego tan intenso sobre nuestras trincheras, que si lo comparo sería fantástico, y sembraría la duda, solo les voy a decir que los matojos que estaban a nuestra espaldas, quedaron segados a la altura de un hombre, las palmas tenían no menos de 20 balazos cada una, las clavellinas y cortaderas que protegían los flancos de nuestras trincheras quedaron ripiadas como si hubiera sido a propósito, las palmas que nos servían de parapetos, estaban agujereadas por su frente de la manera que no se le veía la corteza, sino los agujeros”.[1]

En plena acción, el Coronel Emilio Collazo se levantó por encima de las trincheras para orientar una carga al machete, momento en el cual fue alcanzado por una bala que le atravesó el cuello, quedando gravemente herido. El combate que duró varias horas, resultó ser una aplastante derrota para las fuerzas españolas, en especial para el batallón de Otumba, cuyo jefe, el Coronel Manuel López Moretón, murió en dicha acción.

Este combate,  reconocido como uno de los más sangrientos, fue el último librado en El Caimán, pues tiempo después el gobierno español detuvo las operaciones ofensivas en la provincia. Así este campamento dejó de ser uno de los bastiones más importantes de las fuerzas que operaban al sur de Mayabeque, convirtiéndose entonces en un simple lugar donde pernoctaban  los insurrectos.

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Por: Oscar Sánchez Arencibia

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El homenaje del pueblo a los mártires del Moncada

martires-moncadaEl proyecto de conservación del patrimonio histórico de la capital de Mayabeque es unade las acciones priorizadas que emprenden directivos del Gobierno, el Partido, la Asociación de Combatientes y la Asamblea del Poder Popular dentro de la Jornada por el Aniversario 150 del Inicio de las Guerras por la Independencia.

En ocasión del Aniversario 65 del Asalto al Cuartel Moncada fue develada una tarja en honor a los hermanos Manuel y Virginio Gómez Reyes, lajeros que cayeron en la gesta, como tributo a estos hijos de nuestra provincia que dignifican la historia y la engrandecen con su memoria.

Miembros de las organizaciones políticas y de masas de Mayabeque asistieron al encuentro y depositaron una ofrenda floral en el área destinada al patrimonio histórico de la localidad, en un extenso espacio ubicado frente al cementerio local.

La tarja dedicada a los hermanos Gómez se suma al proyecto de conservación de la historia local, que ya cuenta con el panteón y la Plaza de los Mártires, el Bosque Martiano y el Obelisco en conmemoración a la Primera Célula del Partido Comunista de Cuba en San José de las Lajas, en fase de terminación.

Durante el encuentro de este 26 de Julio el Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba y la Unión de Jóvenes Comunistas entregaron los carnés a un grupo de nuevos miembros de ambas organizaciones.

 

En la cita estuvieron presentes Jorge Félix Lazo Mesa, miembro del Buró político, ideológico del Partido Comunista de Cuba en Mayabeque, Eduardo Viera Matos, primer secretario del PCC en San José de las Lajas, Eustaquio Feliberto Utin Pérez, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en la provincia, así como dirigentes de los CDR, la FMC, combatientes, jóvenes y vecinos.

Por Ada Durán del Río.

El cine y nuestras guerras (+Versión en Inglés)

LucianoEl Crítico, investigador e historiador cinematográfico Luciano Castillo disertó acerca de la presencia de la Luchas por la independencia de Cuba en el Cine Cubano en el contexto del espacio Miércoles de 150, encuentro semanal del verano, dedicado a nuestras gestas emancipadoras, en la sede de  Sociedad Cultural José Martí ubicada en la capital lajera.

El también Director de la Cinemateca de Cuba señaló algunas de las obras del Séptimo arte en Cuba relacionadas con hechos históricos, aunque aún queda mucho por filmar. En ese sentido, se refirió a películas como La Primera Carga al Machete, de Manuel Octavio Gómez; Baraguá, de José Massip; y los dibujos animados Elpidio Valdés de Juan Padrón, entre otras.

Texto y Foto: Manuel Morales.

The cinema and our wars

By: Manuel Morales.

The critic, researcher and historian film Luciano Castillo spoke about the presence of the struggles for the independence of Cuba in the cuban cinema in the context of the space Wednesday of 150, weekly meeting of the summer, dedicated to our emancipating deeds, in the headquarters of José Martí Cultural Society located in the capital .The Director of the Cinematheque of Cuba also pointed out some of the works of the seventh art in Cuba related to historical events, although there is still much to be filmed. In that sense, he referred to films like La Primera Carga al Machete, by Manuel Octavio Gómez; Baraguá, by José Massip; and the cartoons Elpidio Valdés by Juan Padrón, among others.

Translation Naylet Santiago

Santa Elena, 65 años después (+Versión en Inglés)

_DSC0032Santa Elena, un rincón desconocido, se convertiría en la antesala del Moncada, escenario de las prácticas finales de tiro y de ­comando que antecedieron a los asaltos; Santa Elena iba a entrar en la historia.

Apenas comenzados los ejercicios militares en la Universidad de La Habana, varios de los jóvenes de Nueva Paz se vincularon a ellas, al tiempo que asistían a las reuniones en Prado 109, donde recibían ­orientaciones de Fidel. El grupo estaba formado por Mario ­Hidalgo-Gato González, Manuel Rojo Pérez, Rolando ­Guerrero Bello, Genaro Hernández Martínez, Guillermo Elizalde Sotolongo, Tomás David Rodríguez, Alberto Gómez Morichal, Ovidio González, Raúl Perdomo y Roberto Corteguera, ­entre otros. De ellos, el que mayor relación tenía con Fidel era el ingeniero agrónomo Mario Hidalgo-Gato; ambos cursaron sus respectivas ­carreras en la universidad al mismo tiempo y allí coincidieron en ­varias actividades políticas.

El 8 de junio de 1953, Fidel e Hidalgo-Gato se encontraron en la oficina de Abel Santamaría, situada en la calle Consulado de la ciudad de La Habana. Fidel le comentó que necesitaba, con la ­mayor premura, un lugar donde continuar las prácticas de tiro, y le pidió que tratara de encontrar alguno seguro en la zona donde vivía.

Días después, encontrándose en la casa de la finca Santa Elena, donde su familia solía reunirse los fines de semana, Mario pensó en la encomienda de Fidel; pocos eran los lugares que ofrecían seguridad y, menos, los propietarios en que se podía confiar para tan delicado asunto.

Mientras valoraba las lomas de Biajaca y la zona cercana a la Ciénaga de Zapata, sus pasos lo ­llevaron hacia la parte más baja del terreno, la Cañada de los Quesos. Se detuvo abruptamente; había encontrado el lugar adecuado. ¿Dónde mejor que en su finca?, ¿en quién ­confiar mejor, que en sí mismo?

Finca Santa Elena.jpgEl lunes 15 de junio, Hidalgo-Gato se encaminó a la oficina de Consulado para comunicarle a Fidel el hallazgo. De inmediato, este hizo una visita de reconocimiento a la finca Santa Elena, acompañado por Oscar Alcalde, quien años más tarde recordaba:

Después de revisar minuciosamente el ­lugar, Fidel se mostró complacido con las condiciones estratégicas que mostraba; ­sobre todo, le impresionó mucho el bajo relieve del terreno, el cual nos resguardaría de miradas indiscretas y, a la vez, amortiguaría el eco de los disparos, y me dijo: “el lugar está tremendo”.

El 21 de junio comenzaron las prácticas. Ese día, según testimonio de Oscar Alcalde, se reunieron allí más de 60 hombres; no cupieron en la casa de vivienda y se vieron obligados a salir al patio. Fidel, de pie debajo de una guácima, destacó la diferencia entre el movimiento en preparación y las campañas de intrigas y engaños de los políticos, cuyo alimento era el juego a la Revolución; explicó cómo se desarrollarían los entrenamientos y enfatizó en la discreción que se debía guardar para mantener en secreto esta labor revolucionaria. Este día se iniciaba un acontecimiento que tendría una gran repercusión en nuestra Historia.

Al inicio, los entrenamientos se hacían los ­domingos siempre dirigidos por Fidel. Los ­instructores militares eran Ernesto Tizol Aguilera, Pedro Miret Prieto y José Luis Tasende de las Muñecas. En el descampado a la entrada del monte se practicaba el avance a rastras, llevando un arma; el aprovechamiento de los accidentes del terreno, y el ­despliegue de comandos, en el que se aplicaban ­diferentes tácticas de guerra de guerrillas.

Después, los hombres bajaban a la cañada, donde se dividían en grupos de ocho y practicaban el tiro con rifles calibre 22, para lo cual disponían de seis balas cada uno. Primero, el instructor les ­enseñaba cómo alinear los puntos de mira y apretar el gatillo, luego avanzaban en zigzag hacia la vegetación. Allí, camufladas y sostenidas por los trípodes, se ­encontraban las dianas; a la voz de mando del ­instructor, empezaban a disparar. Otras veces, el ­blanco eran objetos colocados en algunos troncos. Terminado cada turno, el instructor les entregaba la ­calificación y les hacía las observaciones pertinentes.

A los entrenamientos en Santa Elena asistieron, además de Fidel y los compañeros ya mencionados, Abel Santamaría, Raúl Castro, Juan Almeida, Oscar Alcalde, Jesús Montané, Boris Luis, Armando Mestre, Jacinto García, Enrique Cámara, Gabriel Gil, Antonio López, Ñico, Antonio Darío López, Calixto García, Agustín Díaz Cartaya y otros de las células pertenecientes a la ciudad de La Habana.

Casi todos los integrantes de las células de la provincia de La Habana participaron en estas prácticas, incluidos los de Nueva Paz, Los Palos y ­Vegas. Entre los locales se destacaron, por su mayor ­asistencia, Tomás David Rodríguez Rodríguez, Rolando Guerrero Bello, Alberto Gómez Marichal, Guillermo Elizalde Sotolongo, Mario Hidalgo-Gato González, Manuel Rojo Pérez, Genaro Hernández Martínez, Manuel Isla Pérez, Rubén Gallardo ­Cuello y Raúl Perdomo.

Al aproximarse la fecha prevista para la acción, se ­intensificaron las prácticas en Santa Elena. A partir del domingo 12 de julio, pasaron a ser casi diarias.

El domingo 19 de julio concluyeron las prácticas en la finca Santa Elena, de hecho se convertía en el último lugar donde se entrenaba. Ese día estuvieron presentes, entre otros, Mario Hidalgo-Gato, Ernesto Tizol, Oscar Alcalde, Jacinto García, Rolando Guerrero y Boris Luis. Los dos últimos permanecieron en el ­lugar después que los demás se marcharon y, junto a Mario, buscaban la forma de cómo sacar los cuatro fusiles que habían quedado allí.

Manuel Isla se encontraba a poca distancia -Según Hidalgo-Gato, se acercó y les dijo: “Las armas las llevaré yo. Al día siguiente Tizol las recogió en casa de Isla.  Esos fusiles se utilizaron en el asalto al cuartel Moncada.

El 24 de julio de 1953, Tomás David Rodríguez recibió el aviso de que debían partir cuanto antes para La ­Habana; el mensaje advertía que no se le avisara a Mario Hidalgo-Gato.

El motivo de esta exclusión no se supo entonces. Obedecía a que en un viaje de Mario con Fidel y Alcalde a Pinar del Río, por la demora del regreso, sus familiares recabaron la ayuda de la policía para dar con su paradero; en consecuencia, se temía que su ausencia provocara una reacción similar en la familia.

Para no levantar sospechas, partieron hacia La Habana en dos grupos. A las seis de la tarde, Manuel Isla, Tomás David Rodríguez y Rubén Gallardo tomaron el tren en la estación de Los Palos; Rolando Guerrero, Guillermo Elizalde, Genero Hernández y Manolo Roro lo abordaron en San Nicolás.

Santa Elena, un rincón desconocido hasta ­entonces, se convertiría en la antesala del Moncada, escenario de las prácticas finales de tiro y de ­comando que antecedieron a los asaltos; Santa Elena iba a entrar en la historia.

Por: Arturo Cabrera Calvo

 

 

Santa Elena, 65 years later

Santa Elena, an unknown corner, would become the anteroom of the Moncada, the scene of the final practice of shooting and of ¬ command that preceded the assaults; Santa Elena was going to enter the story.

As soon as the military exercises began at the University of Havana, several of the young people from Nueva Paz joined them, while they attended the meetings at Prado 109, where they received instructions from Fidel. The group consisted of Mario ¬Hidalgo-Gato González, Manuel Rojo Pérez, Rolando ¨Guerrero Bello, Genaro Hernández Martínez, Guillermo Elizalde Sotolongo, Tomás David Rodríguez, Alberto Gómez Morichal, Ovidio González, Raúl Perdomo and Roberto Corteguera, ¬ among others. Of them, the one who had the most relationship with Fidel was the agronomist Mario Hidalgo-Gato; both attended their respective ¬ races in the university at the same time and there they agreed on various political activities.
On June 8, 1953, Fidel and Hidalgo-Gato met at Abel Santamaría’s office, located on Consulado Street in the city of Havana. Fidel told him that he needed, with the greatest urgency, a place to continue shooting, and asked him to try to find a safe in the area where he lived.
Days later, being in the house of the Santa Elena farm, where his family used to meet on weekends, Mario thought of Fidel’s encomienda; few were the places that offered security and, least of all, the owners that could be trusted for such a delicate matter.
While he valued the hills of Biajaca and the area near the Zapata Swamp, his steps took him to the lowest part of the land, the Cañada de los Quesos. It stopped abruptly; I had found the right place. Where better than on your farm? Who do you trust better than yourself?
On Monday, June 15, Hidalgo-Gato went to the Consulate office to inform Fidel of the discovery. Immediately, he made a reconnaissance visit to the Santa Elena farm, accompanied by Oscar Alcalde, who years later recalled:
After thoroughly reviewing the place, Fidel was pleased with the strategic conditions he showed; ¬specially, he was very impressed by the low relief of the land, which would protect us from prying eyes and, at the same time, dampen the echo of the shots, and told me: “the place is tremendous”.
On June 21, the practices began. That day, according to the testimony of Oscar Mayor, more than 60 men met there; They did not fit in the house and were forced to go out into the yard. Fidel, standing under a guácima, highlighted the difference between the movement in preparation and the campaigns of intrigues and deceptions of the politicians, whose food was the game to the Revolution; He explained how the training would be developed and emphasized the discretion that should be kept to keep this revolutionary work secret. This day began an event that would have a great impact on our history.
At the beginning, the training was carried out by the ¬domingos always directed by Fidel. The ¬ military instructors were Ernesto Tizol Aguilera, Pedro Miret Prieto and José Luis Tasende de las Muñecas. In the open space at the entrance to the mountain, the crawl was practiced, carrying a weapon; the use of terrain accidents; and the deployment of commandos, in which different tactics of guerrilla warfare were applied.
Afterwards, the men went down to the ravine, where they divided into groups of eight and practiced shooting with 22-caliber rifles, for which they had six bullets each. First, the instructor taught them how to align the sights and pull the trigger, then zigzag towards the vegetation. There, camouflaged and supported by the tripods, the targets were found; at the command voice of the ¬instructor, they began to shoot. Other times, the ¬white objects were placed on some trunks. After each shift, the instructor gave them the ¬qualification and made the pertinent observations.
The trainings in Santa Elena attended, in addition to Fidel and the aforementioned companions, Abel Santamaría, Raúl Castro, Juan Almeida, Oscar Alcalde, Jesús Montané, Boris Luis, Armando Mestre, Jacinto García, Enrique Cámara, Gabriel Gil, Antonio López, Ñico, Antonio Darío López, Calixto García, Agustín Díaz Cartaya and others from the cells belonging to the city of Havana.
Almost all the members of the cells of the province of Havana participated in these practices, including those of Nueva Paz, Los Palos and ¬Vegas. Among the locals stood out, for their greater ásistance, Tomás David Rodríguez Rodríguez, Rolando Guerrero Bello, Alberto Gómez Marichal, Guillermo Elizalde Sotolongo, Mario Hidalgo-Gato González, Manuel Rojo Pérez, Genaro Hernández Martínez, Manuel Isla Pérez, Rubén Gallardo – Neck and Raúl Perdomo.

As the date for the action approached, the practices in Santa Elena were intensified. As of Sunday, July 12, they became almost daily.
On Sunday, July 19, the internships at the Santa Elena farm ended, in fact, it became the last place where they trained. That day were present, among others, Mario Hidalgo-Gato, Ernesto Tizol, Oscar Alcalde, Jacinto García, Rolando Guerrero and Boris Luis. The last two stayed in the place after the others left and, together with Mario, they were looking for a way to get the four rifles that had been left there.
Manuel Isla was a short distance away – According to Hidalgo-Gato, he approached them and said: “I will take the weapons. The next day Tizol picked them up at Isla’s house. Those rifles were used in the assault on the Moncada barracks.
On July 24, 1953, Tomás David Rodríguez received the notice that they should leave as soon as possible for La ¬Habana; the message warned that Mario Hidalgo-Gato would not be notified.
The reason for this exclusion was not known then. It obeyed that in a trip of Mario with Fidel and Mayor to Pinar del Río, by the delay of the return, their relatives gathered the help of the police to find their whereabouts; consequently, it was feared that his absence would provoke a similar reaction in the family.
To avoid suspicion, they left for Havana in two groups. At six in the afternoon, Manuel Isla, Tomás David Rodríguez and Rubén Gallardo took the train at Los Palos station; Rolando Guerrero, Guillermo Elizalde, Genero Hernández and Manolo Roro boarded it in San Nicolás.

Santa Elena, an unknown corner until then, would become the anteroom of the Moncada, scene of the final practice of shooting and of ¬ command that preceded the assaults; Santa Elena was going to enter the story.

By: Arturo Cabrera Calvo

Translation Naylet Santiago

Mucho más que un sitio de entrenamiento

_DSC0032Santa Elena fue mucho más que un sitio de entrenamiento en los días previos al Moncada. También contribuyó a forjar los ideales patrióticos y revolucionarios de aquellos jóvenes de la Generación del Centenario.

A 65 años de aquella gloriosa jornada llegaron hasta aquí protagonistas de la acción del 26 de Julio de 1953 a quienes se sumaron los continuadores de la obra soñada por nuestros héroes y mártires.

Finca Santa ElenaPedro Trigo López y Pedro Gutiérrez Santos, asaltantes del Moncada, y Ramiro Sánchez Domínguez, quien combatió en Bayamo, fueron acompañados por las máximas autoridades del Partido en la provincia, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, dirigentes de la UJC y el Gobierno.

Hamlet Valdés León, primer secretario de la organización juvenil en el territorio, dijo en las palabras centrales que las actuales y futuras generaciones continuarán enarbolando las banderas del Socialismo como dignos soldados de la Patria.

 

Aires de 26 en Quivicán

DSC_0174.JPGLa condición de ganador en el movimiento popular  Mayabeque Creciendo Juntos, en ocasión del nuevo Aniversario del asalto a los cuartes Moncada y Carlos Manuel de Céspedes es motivo de trabajo, además de celebración, en Quivicán.

Allí el ajetreo es cotidiano por doquier. Aunque muchas de las acciones constructivas previstas finalizaron, otras siguen en la cabecera municipal y los consejos populares, la inmensa mayoría de carácter social en las cuales, además de los constructores, participa la población. Tal esfuerzo y los resultados, avalan el merecido otorgamiento.

Con el uno por ciento

DSC_0437.JPGEl aporte del uno por ciento que proveen las empresas de sus ganancias se sumó al presupuesto del Estado para la realización de las obras, del cual se ha ejecutado más de un millón y medio de pesos.

Entre ellas figura La Plaza Municipal, en una de las entradas de la ciudad, la bodega La Palma y el Mercado Agropecuario, todas en ejecución aún. En el grupo de las concluidas están el círculo infantil Los Pollitos en el Consejo Popular San Felipe y el centro cultural El Patio.

Uno de los escenarios de más aceptación lo es sin duda la dulcería La Nevada, donde se ofertan capuchinos, torticas de morón, masa real, rollitos, panetelas, pan de gloria, panqué y marquesitas a uno o dos pesos, elaborados diariamente por sus trabajadores.

Con asfalto de desecho, cemento y otros materiales, los quivicaneros ejecutan el mejoramiento de una de las calles principales, como una alternativa posible en estos momentos, en lo cual también participan los pobladores del lugar.

LAS EMPRESAS SE SUMAN

Las entidades económicas se han involucrado igualmente en el Movimiento Mayabeque Creciendo Juntos. A ellas se debe en buena medida la celebración provincial por el 26 de Julio en Quivicán. Un ejemplo es la fábrica de tabacos de exportación Capitán San Luis.

Con el cumplimiento de su plan al 103 % en el primer semestre, la entidad produce 10 marcas de afamados puros. Este mes sus trabajadores se esmeran por embellecer el centro, principalmente la pintura exterior del inmueble, limpieza e higiene de sus áreas e interiores.

Esas mismas acciones se realizan en muchos otros colectivos laborales y estudiantiles, mientras la población disfruta de las actividades culturales, deportivas y recreativas en general organizadas para el verano.

Maceo en Mayabeque: memorias de la Invasión (+Versión en Inglés)

antonio-maceoDicen que el coraje se forja como el acero, bajo grandes tensiones y con altas temperaturas. Así, Antonio Maceo, el Titán de Bronce, fundió el suyo. Lo describen las bibliografías como un hombre inquieto, directo, intolerante, efusivo y rebelde, con una  potente voz de mando, aguerrido al punto de soportar su cuerpo incontables heridas, hermano e hijo incondicional, de oscura piel, pero con claros pensamientos que lo condujeron al éxito de una campaña.

Un criollo de pantalones bien puestos. Tan temerario era, que su invasión de una punta a otra de la Isla agitó el miedo de los peninsulares y privó del sueño a guarniciones enteras… ¿El reto? cruzar toda Cuba de Oriente a Occidente resquebrajando la credibilidad y la débil moral combativa de los españoles, y a la vez, aunando armas, pertrechos y agrupando hombres en regimientos que, en suma, constituían todo un Ejército Mambí de Liberación Nacional, aunque a veces los líderes tuviesen ciertas divergencias.

Preparativos

Después de un prolífico exilio en Honduras, Jamaica,  Dominicana y Costa Rica, Antonio Maceo desembarca junto a Flor Crombet por Duaba, Baracoa, el 1 de abril de 1895. La guerra había estallado desde el 24 de febrero.

La invasión, fue la campaña militar más fuerte de todos los combates contra el colonialismo en Latinoamérica. Extender la guerra por completo a Cuba y destruir toda riqueza que al pagar impuestos le proporcionara ganancias a España aplicando la tea incendiaria, fueron sus objetivos esenciales.

La cruzada por territorio habanero

En las primeras horas de la madrugada del 1 de enero de 1896 acamparon en el poblado de Alacranes, justo al sur, en un sitio denominado Estante.  Burlando los retenes del enlace ferroviario de Unión de Reyes, entre Matanzas y La Habana, lograron avanzar por un sendero que unía los ingenios Las Cañas y Conchita. Justo al amanecer, los hombres de Máximo Gómez y Antonio Maceo tomaron posiciones estratégicas. La infantería mambisa, al mando de los hermanos Ducasse, y con suficientes armas incautadas al enemigo en acciones anteriores, se parapetó frente a una columna española iniciando un feroz intercambio de disparos, mientras Gómez (desde la vanguardia) y Maceo (desde el flanco) se lanzaban haciendo una cuña cerrada hasta unirse y penetrar por fin las líneas enemigas. Se encontraban ya en Bagáez, una zona muy próxima a Nueva Paz: Ante su empuje, el enemigo empezó a retroceder y muy pronto el campo quedó despejado. Muchos soldados hispanos se retiraron al pueblo y fueron perseguidos (…) Al quedar el campo libre se apoderaron  de alimentos de algunas bodegas de los peninsulares en el pueblecito. 

Ese mismo día, ambos líderes con sus 2 800 hombres llegan a San Nicolás, primer poblado de su ruta en el territorio, y en medio del alboroto liberan a varios prisioneros españoles, en digna muestra de ejemplaridad. Con la bandera cubana al frente, la larga caballería atravesó sus calles mientras dejaban atrás un mar de fuego alrededor de la comarca. La guarnición se entregó sin mostrar resistencia.

El día 2, el Coronel Bermúdez se apodera del pueblo de Vegas y tras acampar brevemente en inmediaciones de Güines (en el batey del ingenio Providencia), deciden proseguir hacia Melena del Sur, en línea paralela a la del ferrocarril de Güines. El 3 de enero entraban por el poblado de Guara, ocupando numerosos armamentos. Al día siguiente la columna invasora llegaba a la vía férrea de Batabanó: Se refuerza el ala derecha de la columna por quedar a ese lado los núcleos españoles correspondientes a las guarniciones de Rincón, San Felipe y Quivicán, que eran los más fuertes (…) Destruyeron después la Estación de Ferrocarril de Quivicán y otros edificios cercanos.

Maceo decidió poner rumbo al oeste, camino hacia Pinar del Rio. Quivicán ardía en llamas, mientras los invasores acopiaban municiones y alimentos para proceder a la toma de dos poblados difíciles: Güira de Melena y Alquízar.

Bibliografía consultada

  • Izquierdo Canosa, Raúl. El despojo de un Ediciones Verde Olivo, C. de la Habana, 1998
  • Leal Spengler, Eusebio. El Titán de Bronce. En: Revista Calibán. Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, diciembre del 2011.
  • Miró Argenter, José. Crónicas de la Guerra. Editorial Gente Nueva, La Habana, 1986
  • Palenque, Amado. La campaña de Invasión. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1988

Por: Ernesto Sarduy Lorenzo sansarduy@infomed.sld.cu

 

Maceo in Mayabeque: memories of the Invasion

They say that courage is forged like steel, under great tensions and with high temperatures. Thus, Antonio Maceo, the Titan of Bronze, fused his. The bibliographies describe him as a restless man, direct, intolerant, effusive and rebellious, with a powerful command voice, hardened to the point of supporting his body countless wounds, brother and unconditional son, of dark skin, but with clear thoughts that led him to the success of a campaign.

A criollo of well-placed pants. So reckless was it that his invasion from one end of the island to the other shook the fear of the peninsulares and deprived the entire garrison of sleep … The challenge? crossing all of Cuba from the East to the West cracking the credibility and the weak combative morals of the Spaniards, and at the same time, uniting arms, accoutrements and grouping men into regiments that, in short, constituted a whole Mambi National Liberation Army, although sometimes the leaders had certain divergences.

Preparations

After a prolific exile in Honduras, Jamaica, Dominican Republic and Costa Rica, Antonio Maceo disembarks with Flor Crombet for Duaba, Baracoa, on April 1, 1895. The war had broken out since February 24.

The invasion was the strongest military campaign of all the battles against colonialism in Latin America. Extending the war completely to Cuba and destroying all wealth that by paying taxes will provide profits to Spain by applying the incendiary torch, were its essential objectives.

The crusade for Havana territory

In the early hours of the morning of January 1, 1896, they camped in the village of Alacranes, just south, in a place called Estante. Mocking the checkpoints of the Unión de Reyes railway link, between Matanzas and Havana, they managed to advance along a path that linked the Las Cañas and Conchita sugar mills. Just at dawn, the men of Máximo Gómez and Antonio Maceo took strategic positions. The mambisa infantry, commanded by the Ducasse brothers, and with enough weapons seized from the enemy in previous actions, parapetó in front of a Spanish column initiating a fierce exchange of shots, while Gómez (from the vanguard) and Maceo (from the flank) They launched themselves by making a closed wedge until they finally joined and penetrated the enemy lines. They were already in Bagáez, an area very close to Nueva Paz: Before its push, the enemy began to retreat and soon the field was cleared. Many Hispanic soldiers withdrew to the town and were persecuted (…) When the camp was free they seized food from some of the peninsular wineries in the village.

That same day, both leaders with their 2,800 men arrive at San Nicolás, the first town on their route in the territory, and in the middle of the uproar they release several Spanish prisoners, in a dignified sample of exemplary. With the Cuban flag in front, the long cavalry crossed its streets while leaving behind a sea of ​​fire around the region. The garrison surrendered without showing resistance.

On day 2, Colonel Bermúdez seizes the town of Vegas and after camping briefly in the vicinity of Güines (in the sugar mill of the Providencia plantation), they decide to continue towards Melena del Sur, in a line parallel to that of the Güines railway. On January 3, they entered through the town of Guara, occupying numerous weapons. The following day the invading column arrived at the railway line of Batabanó: The right wing of the column is strengthened because the Spanish nuclei corresponding to the garrisons of Rincón, San Felipe and Quivicán, which were the strongest (…) They destroyed the Quivicán Railway Station and other nearby buildings.

Maceo decided to head west, on the way to Pinar del Rio. Quivicán burned in flames, while the invaders collected ammunition and food to proceed with the capture of two difficult villages: Güira de Melena and Alquízar.

Translation Naylet Santiago