De Santa Elena al Moncada

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Autor: Ernesto M. Sarduy Lorenzo

Desde fines de 1952, de forma esporádica, los futuros asaltantes al Cuartel Moncada habían comenzado las prácticas de tiro en distintos lugares. Se prepararon y entrenaron en Ciudad de la Habana, Pinar del Río, y dentro de la misma Universidad de la Habana. También en la Playa de Santa Fe, en el Club de Cazadores del Cerro –a donde concurrían simulando ser jóvenes deportistas-, en una finca próxima a Madruga, en San Pedro, en el Cotorro y Artemisa, en una finca de Pijirigua y en otra de Capellanía.

Según afirmara el combatiente Israel Tápanes durante una entrevista en 1970, “Fue en las Lomas de Tapaste, donde hicimos nuestras primeas prácticas con fusiles calibre 22. Habíamos recibido clases teóricas en distintos lugares de La Habana, pero todavía no lo habíamos hecho con fusiles en campo abierto, donde pudiéramos satisfacer nuestras ansias de aprendizaje”

Horas antes del asalto, la Granjita Siboney, en el Oriente de Cuba, sería el sitio encubierto para los preparativos finales, pero en días previos, una finca de Los Palos, Nueva Paz, había sido otro de los escenarios .

Los primeros preparativos

Los principales líderes del Movimiento 26 de julio conformado por una generación joven y martiana, generalmente Ortodoxos, preparaban las condiciones para la acción: las reuniones eran sistemáticas en el apartamento No. 603 de Abel y Haydee Santamaría, situado en el edificio 164 de la calle 25, esquina a O, en el Vedado. Desde allí conformaron la idea y realizaron las primeras operaciones: la compra de armas a Canadá y a la Armería Marina y Cía., ubicada en la Habana Vieja, la confección de los uniformes color kaki como los del Ejército, la compra de pasajes a Oriente, el alquiler de las casas, campamentos de Santiago y Bayamo, y pagos de fletes de los paquetes consignados a la granja Siboney, donde bajo el marbete de “Alimentos para aves”, se enviaban diferentes recursos. Jesús Montané, liquidó una oficina de contabilidad de su propiedad y aportó un cobro de gratificación que obtuvo de la Compañía General Motors, donde trabajaba. Ernesto Tizol, puso a disposición una granja de pollos que poseía, Pedro Marrero, vendió su refrigerador y los juegos de comedor y sala de su casa, Fernando Chenard, empeñó pertenencias personales y su cámara fotográfica, Elpidio Sosa, vendió su plaza de tesorero en la Compañía en que laboraba al igual que José Luis Tasende, Renato Guitart, aportó una cuantiosa suma, Abel Santamaría, empeñó su automóvil.

Los jóvenes, inteligentemente, abrieron cuentas en bancos distintos: una en el Banco Agrícola Industrial, frente a la Plaza del Mercado, otra en la antigua sucursal del Banco Núñez, de Cuatro Caminos y una de esas cuentas estaba amparada por el Laboratorio farmacéutico situado en Línea y J, (Tion) propiedad de Oscar Alcalde, también integrante del Movimiento: contra el crédito de ese laboratorio,giraban muchos de los cheques que a diario se expedían para pagar armas y otros gastos del entrenamiento: “Cada vez que los integrantes de la organización, por medio de las distintas células, podían reunir alguna pequeña suma, producto de sus modestos aportes, era para pagar un sobregiro de la cuenta del Laboratorio Tion, el cual había sido instalado con un préstamo bancario por $ 500.00. La venta del automóvil de Abel, el aporte de Montané, y el empeño del sueldo de Pedro Marrero, constituyeron las cantidades de dinero más apreciables del Movimiento”.

La finca Santa Elena   

En nuestra provincia Mayabeque, exactamente en Los Palos (Nueva Paz), los antiguos terrenos de la finca La Teresa que habían sido comprados por Mario Hidalgo-Gato González y bautizados como Santa Elena, también sirvieron de área escogida por Fidel para realizar las prácticas de tiro. Se cuenta que luego de un encuentro en la oficina de la calle Consulado, en la Habana, donde laboraba por entonces Abel Santamaría, Mario y Fidel, en junio de 1953, acuerdan utilizar esos predios por sus óptimas condiciones. Lo apartado del lugar, las características del terreno y las condiciones estratégicas en general, propiciaban su utilidad, a solo un mes de ejecutar las acciones de la Toma de los Cuarteles  Moncada, Carlos Manuel de Céspedes y del Hospital Saturnino Lora.

Entre el 15 y el 21 de junio Fidel Castro, Ernesto Tizol, Tomas David Rodríguez, Rolando Guerrero, Pedro Miret y José Luis Tasende, entre otros, realizarían distintas visitas al lugar, con el objetivo de organizar los entrenamientos, que se iniciaron con la más absoluta complicidad y discreción. El 21 de junio por fin, comenzaron las prácticas de tiro. La mayor parte de los jóvenes de La Habana y de otros sitios no asistían en grandes grupos, a no ser los domingos, evitando así que los ejercicios militares levantaran sospechas entre la Guardia Rural o la policía batistiana. Fidel, bajo una guásima, destacó las marcadas diferencias de aquel movimiento en preparación respecto a la campaña de intrigas, mentiras y desinformación de los políticos, a la vez que enfatizó en la importante necesidad de mantener en secreto esos ejercicios clandestinos y aprovechar al máximo la topografía de aquellos terrenos de bajo relieve, excelentes por su cañada y porque amortiguaban el eco de los disparos.

Tras ocurrir los sucesos del Moncada y caer presos Fidel y los asaltantes sobrevivientes bajo la Causa 37/1953, los trabajadores de la finca y el propio Hidalgo-Gato rápidamente organizaron una limpieza de todos los terrenos, ubicando y escondiendo cada huella comprometedora: “Dos paquetes de dianas que estaban en la casita del patio fueron escondidos en un cañaveral, después hicieron una minuciosa recogida de casquillos”.

Por sus valores históricos excepcionales que marcaron una etapa de fervor y patriotismo durante las luchas por la Independencia y en los días previos al asalto, La finca Santa Elena fue declarada Monumento Local el 30 de enero de 1990 y Monumento Nacional el 19 de julio de 2014.