Lo que espera un consumidor+(Versión en Inglés)

En estos tiempos se habla mucho de protección al consumidor, algo que a los cubanos nos pone los pelos de puntas desde cualquiera de las dos posiciones: como clientes, o como gestores de un servicio. En la bodega, el agro, las tiendas, las cafeterías, el concepto cobra auge cuando se exige y se espera recibir todo lo que constituye, en síntesis, derechos y deberes.

Pero el primer paso en este “ardiente” proceso donde las relaciones sociales se ponen a prueba, es la cortesía, seguida de sinónimos como buen trato, amabilidad, paciencia. Son actitudes que en el ejercicio diario de los servicios deben primar como intereses propios, no solo son premisas del éxito en el marketing contemporáneo.

Responder una pregunta a un cliente del otro lado del mostrador o de un buró, sin levantar la vista concentrada en un celular, o mostrar reservas ante una inquietud sobre el precio de un producto son actitudes de las que he sido testigo últimamente.

Este no es el único momento en que algunos consumidores cubanos se sienten desprotegidos. Lo mismo sucede cuando el cliente tiene que esperar a que el dependiente termine de registrar diversos productos que acaban de llegar o de salir de un almacén; porque para respetar los derechos, también hay que ser cuidadosos con el tiempo y esos minutos de más.

Otra de las tendencias es cuando en una cafetería o sodería el tamaño de la porción no se corresponde con el establecido. Ocurre igual cuando compramos un producto y en menos de una semana se rompe, sin derecho a garantía.

Los ejemplos abundan cuando  las ofertas y la atención del personal dejan mucho que desear.

La protección al consumidor no estriba solo en las cuentas claras del precio y el pesaje, algo que matemáticamente despierta más de una polémica a diario. También se materializa con frases tales como: Buenos días, ¿En qué le puedo ayudar? ¿Desea algo más? ¿Está satisfecho?… Porque precisamente, con un rostro afable y una formalidad que garantice el sentirnos satisfechos como clientes, podremos siempre retornar.

Actitud y formalidad, son las herramientas. Desde esta óptica todo tiende a fluir luego, como debe ser.

Por: Ernesto Sarduy Lorenzo

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In these times there is a lot of talk about consumer protection, something that gives Cubans the edge from either of two positions: as customers, or as managers of a service. In the winery, the farm, the shops, the cafeterias, the concept is booming when it is demanded and expected to receive everything that constitutes, in short, rights and duties.

But the first step in this “ardent” process where social relations are put to the test is courtesy, followed by synonyms such as good treatment, kindness, patience. They are attitudes that in the daily exercise of services should prevail as own interests, not only are premises of success in contemporary marketing.

Answering a question to a customer on the other side of the counter or in a bureau, without looking up concentrated on a cell phone, or showing reservations about a concern about the price of a product are attitudes I have witnessed lately.

This is not the only moment when some Cuban consumers feel unprotected. The same thing happens when the customer has to wait for the clerk to finish registering various products that have just arrived or left a store; because to respect rights, you also have to be careful with time and those extra minutes.

Another trend is when in a cafeteria or sodería the size of the portion does not correspond to the established one. It is the same when we buy a product and in less than a week it breaks, with no guarantee.

Examples abound when offers and staff attention leave much to be desired.

Consumer protection isn’t just about clear price and weighing scores, something that mathematically wakes up more than one polemic every day. It also materialises in phrases such as: Good morning, What can I do for you? Do you want something else? Are you satisfied? Because precisely with a friendly face and a formality that guarantees that we feel satisfied as customers, we will always be able to return.

Attitude and formality are the tools. From this point of view everything tends to flow then, as it should be.

 

 

 

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