Acerca de Osvaldito +(Versión en Inglés)

Todo ocurrió en un instante cuando el camino desapareció bajo sus pies. Dormirse en la burbuja era entonces más fácil, pero lo fácil nunca le gustó. Así que comenzó un viaje sin derrotero, improvisó un mapa y echó a andar. Hoy mira hacia atrás y se sorprende, construye un camino, el suyo, hecho de las huellas que deja al pasar.

El accidente

Contaba apenas 15 años de edad, y le encantaba el mar y nadar. El 11 de mayo 2002 se lanzó desde un puente de baja altura en la playa Jibacoa  y entonces sucedió lo inesperado.

La fractura en las vértebras cervicales c5 y c6 lo llevaron a un mundo irreal. Extraños sueños pasaron por su mente, mientras el corazón resistía cinco paradas. Su cuerpo de apenas 15 años quedó inmóvil por casi dos meses.

Una compleja cirugía en el Hospital Naval le devolvió la esperanza a su familia, (él nunca la perdió). Asombraba en sus ojos un paisaje hermoso y en calma a pesar de la rehabilitación larga y difícil, que comenzó en el Hospital Julito Díaz y continuó en el Centro Internacional de Restauración Neurológica CIREN, de La Habana.

Recuperó la movilidad de los brazos, pero sus piernas no le respondieron. El permanecer en cama demasiado tiempo le provocó dolorosas escaras. “pero mi papá fue el mejor enfermero”, asegura orgulloso.

16 años después

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“Desde entonces ya pasaron 16 años”. Con la frase, hace una pausa en su historia. Ya cuenta 32 años de edad acabados de cumplir el 5 de septiembre, y en la última década no ha hecho otra cosa que estudiar. Quiere graduarse, alcanzar el título de Licenciado de Contabilidad. “Ese es mi sueño”, me advierte.

Subraya, que ni él ni los suyos renuncian a la esperanza. En 2010 recibió un tratamiento experimental con células madre en el Hospital Hermanos Ameijeiras, (el segundo paciente de Cuba con ese beneficio), y en 2012 repitió la terapia. Como resultado percibe una ligera sensibilidad sobre todo, en la pierna izquierda.

En la sala de su casa vi una moderna laptop, regalo de la Dirección de los Joven Club de Computación y Electrónica de Mayabeque, y en la pantalla una conferencia de Marxismo. Es la ventaja de los cursos a distancia de la Universidad Agraria Fructuoso Rodríguez, donde él es uno de sus alumnos más obstinados.

“No es fácil estar en una silla de ruedas, pero la vida sigue, y hay que mirar hacia adelante”, dice sin una pizca de angustia. Me bastó apenas una hora en aquel hogar para entender que la felicidad de aquel muchacho se debe por sobre todas las cosas, a la madre atenta, a las sobrinas alborotando sus días, a la hermana jamás ausente y a la fuerza de su padre.

A más de 15 kilómetros de la ciudad de San José de las Lajas, en una zona campestre, próxima al caserío El Perú, vive Osvaldito con su familia. Hace un año le obsequiaron una silla eléctrica de ruedas que le facilita responder el teléfono, pasar el brillador, atender sus propias necesidades y hasta visitar a los amigos.

Antes de irme me mostró un auto que su padre repara “y que él conducirá”, anunció ilusionado. Después de todo, quién puede dudarlo.

Por: Marlene Caboverde Caballero

 

About Osvaldito

Everything happened in an instant when the road disappeared beneath his feet. Sleeping in the bubble was easier then, but the easy never liked it. So he began a journey with no course, improvised a map and started to walk. Today he looks back and is surprised, he builds a road, his own, made of the footprints he leaves as he passes by.
The accident
He was just 15 years old, and loved the sea and swimming. On May 11, 2002, he threw himself off a low-lying bridge on Jibacoa Beach, and then the unexpected happened.
The fracture of the cervical vertebrae c5 and c6 led him to an unreal world. Strange dreams passed through his mind, while his heart resisted five stops. His body, barely 15 years old, remained motionless for almost two months.
A complex surgery at the Naval Hospital gave hope back to his family (he never lost it). His eyes were amazed by a beautiful and calm landscape despite the long and difficult rehabilitation, which began at the Julito Díaz Hospital and continued at the CIREN International Center for Neurological Restoration in Havana.
He recovered the mobility of his arms, but his legs did not respond. Staying in bed for too long caused painful bedsores. “But my dad was the best nurse,” he says proudly.
16 years later
“Sixteen years have passed since then. With the phrase, Osvaldo Hernández Torres pauses in his history. He is now 32 years old, having just turned 5 September, and in the last decade he has done nothing but study. He wants to graduate, to reach the degree of Licenciado de Contabilidad. “That’s my dream,” he warns me.
He stresses that neither he nor his family gives up hope. In 2010 he received an experimental treatment with stem cells at the Hermanos Ameijeiras Hospital, (the second patient in Cuba with this benefit), and in 2012 he repeated the therapy. As a result he perceives a slight sensitivity above all in the left leg.
In her living room I saw a modern laptop, a gift from the Direction of the Youth Club of Computing and Electronics of Mayabeque, and on the screen a conference on Marxism. It is the advantage of the distance learning courses of the Universidad Agraria Fructuoso Rodríguez, where he is one of his most obstinate students.
“It’s not easy to be in a wheelchair, but life goes on, and you have to look ahead,” he says without a hint of anguish. It took me just an hour in that home to understand that the happiness of that boy is due above all things, to the attentive mother, to the nieces disturbing his days, to the sister never absent and to the strength of his father.
More than 15 kilometers from the city of San José de las Lajas, in a rural area, near the hamlet El Perú, lives Osvaldito with his family. A year ago he was given an electric wheelchair that makes it easier for him to answer the phone, pass the glitter, attend to his own needs and even visit friends.
Before I left, he showed me a car that his father repairs “and that he will drive,” he announced excitedly. After all, who can doubt it

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