Amando a Delena

 

 “Nada debe parecer imposible de cambiar”.

Bertolt Brech

Delena_cuando_ aprendió_a_ leer.Se llama Delena de la Caridad Beovides Suárez, y nació antes de tiempo con apenas dos libras de peso, el 31 de octubre de 2009. Su llegada prematura le provocó una hipoacusia severa limitando sus capacidades auditivas, pero aquel error de la naturaleza le fue compensado con una gran familia y una buena escuela.

Era el último día del curso, y ella reía sin parar. Pasar para cuarto grado con buenas calificaciones justificaba la alegría de la pionerita de ocho años de edad, seguramente daría por sentado quien la hubiese visto por primera vez. Pero yo, que la conozco bien, sé de otras muchas razones que la hacen feliz.

Cuando inició su vida escolar, (en la Primaria José Antonio Saco del caserío El Perú, en San José de las Lajas), ya estaba diagnosticada y usaba la prótesis auditiva que desde entonces, le permite escuchar. Y esto es parte de los beneficios que le otorga el hecho de ser es uno de los 64 infantes incluidos en el Programa de discapacidad auditiva de Mayabeque

Así fue como bajo las alas protectoras de la medicina cubana, foniatras, logopedas y otros especialistas quebraron su mundo de silencio antes de que ella cumpliera el segundo año de vida, allanando además el camino para una exitosa inclusión educativa. Gracias a la buena articulación de esos actores, unido a los muchos talentos de su maestra Alba de primer grado, se hizo el milagro: Delena aprendió a leer y escribir como el resto de sus compañeritos a los seis años de edad.

Responsables también de aquella maravilla, eran sus padres. Pero el incentivo especial lo recibió Delena de su abuela Elena, quien con la virtud de un hada mágica la ha convencido de que la vida es siempre bella, y le inculca que aprender es, a fin de cuentas, el fruto más más bello y necesario de cuantos se obtienen en el camino.

Después de Alba (primero y segundo grados) llegó la maestra Tairis para continuar tejiendo nuevos y buenos saberes en la pequeña delgadita de ojos traviesos. Hoy Delena sostiene una conversación, sabe relatar, escribir un texto, leer, pero donde su desempeño es más sobresaliente, es en las Matemáticas.

Dicen que tiene en su casa una pizarrita, tizas y el borrador, y que a su clase asisten amigos invisibles y muñecas. Como la maestra que quizás será en el futuro, ella habla sin parar, y así continúa espantando las nubes del silencio que un día oscurecieron su paisaje.

Por Marlene Caboverde Caballero

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