Más allá…

Cortesia.jpg¿Se ha sentido como Matojo, el conocido personaje de dibujos animados, al dar los buenos días sin recibir respuesta? ¿Cuántas veces durante la última semana ha percibido actitudes poco amables hacia usted? No se alarme, esta periodista no pretende restar seriedad a un asunto tan importante como la cortesía y el civismo en nuestra sociedad, o más bien debería referirme a su ausencia.

Desafortunadamente, la escaza de educación formal y apropiados modales continúa manifestándose en muchos ámbitos de la cotidianidad.

Al parecer predomina la individualidad. Así lo vemos, por ejemplo, cuando en los ómnibus hay quienes aparentan estar “despistados” o “dormidos” para no ceder el asiento a los ancianos, discapacitados, embarazadas y niños.

A esto se añade que quienes más necesitan un puesto en el transporte público ni siquiera lo alcanzan, pues en la mayoría de las ocasiones son literalmente arrastrados por un tumulto que “olvida” hacer la cola.

Algunos traen desde la casa sus problemas y preocupaciones, entonces los saludos amables o las palabras cordiales quedan relegados por la grosería, el abuso verbal y la vulgaridad.

Son esos, apenas botones de muestras que evidencian el deterioro de las buenas maneras y el urbanismo en la sociedad.

Las carencias económicas del Período Especial y el consiguiente resentimiento de los valores éticos y morales no pueden resultar en ningún caso justificación para olvidar la cortesía; mucho menos en un país como Cuba que tanto esfuerzo ha dedicado y dedica a la formación de sus ciudadanos.

Permanente debe ser el empeño de la familia, la escuela y la comunidad por sembrar en las jóvenes generaciones los valores más nobles y dignificadores del ser humano.

5-mayo2Definida por la profesora Emma Cárdenas Acuña en su libro El reino de las buenas maneras (Ediciones Logo, 2012), la cortesía debe entenderse como “una amplia consideración hacia los demás, es respeto a las personas, a su modo de ser, a sus costumbres, a sus ideas, a su edad, a su jerarquía…, en síntesis, es amor al prójimo.

“Todo esto contribuye en gran medida a la conservación de la paz, a la armonía entre las personas, y hace más agradable la convivencia. La cortesía atrae, y por muchas razones resulta conveniente: enriquece espiritualmente a quien la practica y abre fácilmente las puertas de la amistad”.

A juicio de esta reportera, más allá de esas válidas consideraciones, se trata sobre todo de sensibilidad, la necesaria para tratarnos con afecto, empatía y respeto, de manera que entre todos nos hagamos la vida más llevadera.

Por Iveett Valdés Betancourt

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