Día de la Prensa Cubana: Rompamos los tabúes

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Ayer leí  y comenté en la red algo que  con mucha frecuencia  se dice de nuestro sector.  El periodista  es criticado por el error de un día y olvidado pese a las glorias de mil años. Luego, motivada por el tema,  una colega me sugirió profundizarlo precisamente hoy, Día de la Prensa Cubana.

Después de aceptar su propuesta,  pienso que todo depende  de nosotros mismos, de nuestra labor, de la forma cotidiana de actuar.  Es, a mi criterio, la única manera  de cambiar ese concepto.

Casi siempre  las principales barreras que tenemos son mentales y están presentes  en el trabajo, en nosotros mismos, y no por imposición, sino por falta de estudio  y profundidad en los temas a tratar.  Otras también por facilismo. Hemos vivido años pensando que no me permiten hablar de esto o aquello, y en la práctica los limitados  somos los propios periodistas.

Se puede hablar y escribir de cualquier aspecto, de todo diría yo, no hay límites si lo hacemos desde una posición de defensa de la realidad y sin olvidar lo expuesto por Fidel en la reunión con los intelectuales en el  Aula Magna de la Universidad  de La Habana,  cuando señaló que con la Revolución todo,  contra de la Revolución nada. Es un principio que debemos tener presente  los trabajadores del sector en estos y todos los tiempos.

Lo que no puede faltarnos  nunca  es  profundidad en los análisis, buscar la información hasta encontrar las diversas aristas del problema, investigar el hecho, intercambiar, cruzar las fuentes, detallar cada aspecto , y después actuar convencidos de que redactamos con  apego a  la verdad, y que los señalamientos, si los hubiere, siempre irían  dirigidos  a quienes no hacemos las cosas como  deben ser,  o sea, con el respeto y la profesionalidad requeridas.

Llegado el momento  de un análisis por el supuesto error, discutir con total transparencia los argumentos por los cuales escribimos esto  o aquello, sin temores ni cohibiciones. Con esas premisas no fallaremos nunca  y contribuiremos a construir y perfeccionar de la mejor manera nuestra sociedad. Eso necesita el país de nuestra prensa.

Desde mi  posición de directivo en el sector, solicitado por la colega, siempre le sugiero al joven colectivo no limitarse, que trabajen,  indaguen, busquen y propongan temas y trabajos; lo peor es quedarse con una idea inconclusa y limitada,  sin necesidad. Si algo no procediera se analizaría en un marco de confianza y respeto, pero con la claridad necesaria, de manera que no queden dudas ni preocupaciones sin esclarecer.  Así se ayuda a formar hombres y mujeres comprometidos con esta profesión. Generalmente eso funciona bien y todos los temas son publicables, de todo podemos hablar.

Así  nos recordarán más por los resultados de nuestro trabajo, por los aportes a la sociedad  y no por los errores que podamos cometer,  los que siempre pueden estar presentes en la obra de un ser humano, la misma que  cada vez puede ser mejor. Mi consejo más sano: rompamos los tabúes.

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